Lamentablemente a pesar del esfuerzo y el ahorro de muchas personas, no tienen la capacidad para adquirir un bien inmueble que les permita contar con un patrimonio para ellos y sus familias.
En un escenario ideal, cada uno de las personas económicamente activas deberían contar con un patrimonio o ir construyéndolo poco a poco. Pero la realidad es que menos del 10% de la población cuenta con los ahorros necesarios para la compra de una propiedad.
Pero como consecuencia de las diversas crisis económicas, el aumento del alquiler de las viviendas ha sido disparado por la falta de liquidez y capacidad de ahorro, que no permiten a las personas la compra de una propiedad.
El fenómeno de AirBnB
En los últimos años nos hemos visto inmersos en un mundo de cambios, en el que ya nada se hace como antes. Uno de los cambios más destacables es el aumento de las rentas turísticas en la que se busca rentar una propiedad por un lapso de tiempo con un precio razonable, que permita al dueño generar una renta atractiva para los propietarios.
Gracias a este fenómeno, muchas personas han puesto su vista e interés en la compra de propiedades vintage o con aires modernos a un buen precio, para la renta turística y generación de buenas ganancias para su futuro.
Durante el 2020, este entorno se vio duramente afectado por las restricciones de movilidad, los miedos al contagio y la pausa económica que redujo el movimiento a las ciudades y pueblos que habían adoptado este modelo de negocio. Conforme se vaya avanzando de la crisis y eliminando las restricciones para viajar, veremos un aumento dentro de los precios de la renta.
Cuando la renta sube más atractiva será la compra
Cuando la renta se iguala al precio de una mensualidad de la hipoteca de una propiedad, es momento de poner nuestra atención hacia la compra de una propiedad. El buscar préstamos hipotecarios que permitan adquirir una propiedad igual o mejor de la que se cuenta actualmente.
Adicional, parecerá un acto de malabarismo económico pagar una renta y guardar una cantidad para el ahorro. Pero debemos advertirte que sin ahorros o algún colchón no existirá enganche suficiente para la compra de un bien inmueble.
También debemos ser conscientes que no serás dueño de la propiedad hasta que sea liquidada la hipoteca de la casa, que en promedio son 20 y 40 años. Sin dejar fuera el pago del predial, servicios, adecuaciones que se presenten a lo largo de este tiempo.
Aunque es más sencillo negociar el precio de la renta que el de la hipoteca, es más sencillo terminar la relación con el casero que con el banco. Pero estas dejando gran parte de tus ingresos en los bolsillos de alguien más, en lugar de generar un ingreso propio.
En conclusión, cualquiera de las dos opciones son válidas de acuerdo a tu situación financiera pero antes de elegir deberás considerar lo siguiente:
Si vas a comprar, la inversión debe ser rentable. Es decir, comprar barato, buscar una hipoteca razonable, pagar pocos impuestos y gastos financieros, buscar una propiedad que requiera pocas adecuaciones y que te permita vender en un futuro a un mayor precio.
Si vas a rentar, la renta o alquiler de esa propiedad debe ser rentable. Es decir, una renta que te permita ahorrar y que de ese ahorro puedas juntar la cantidad necesaria que te permita comprar en un futuro.
Ahora que ya conoces las diferentes opciones, podrás tomar la mejor decisión para tu vivienda y potencializar tu dinero a corto o mediano plazo.
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